Hermandad de los Desamparados

Hermandad Esclavitud de Nuestra Señora de los Desamparados

FUNDACIÓN

1392

Nº HERMANOS(2020)

60

Historia de la Hermandad de los Desamparados

Según la tradición popular, recogida en el siglo XVII por un escribano de la cofradía –sin ningún sentido crítico y con todos los adornos legendarios del barroquismo literario y declamatorio de la época–, el origen de la advocación de la Virgen de los Desamparados y de la creación de esta cofradía fue una milagrosa aparición de Nuestra Señora ocurrida el año 1392:

“Por los años, pues, de mil trescientos noventa y dos, unos pobres enfermos convalecientes, estando en el corral del ospital de San Leonardo, a los muros de la ciudad, vieron unas hermosas luces entre unas zarzas y fuente. Animados con la divina gracia, examinaron la causa y allaron entre las aguas de la fuente a María Ssma que vestida de resplandores en una nubecilla de luz se mantenía sobre las aguas. Abloles ‘la sagrada ymagen y les dixo diesen parte a los superiores del ospital, “que os creeran, y decirles de mi parte que es mi voluntad que vengan luego a visitarme y quiero que en este sitio se haga templo en compañía de mi siervo Leonardo, donde sea públicamente venerada para hanparo de esta dudad: yo seré́ su remedio en ‘las necesidades, su consuelo en las tribulaciones, su anparo en los travajos; en mí allarán refugio siempre que me invoquen; ninguno que me vusque saldrá desanparado. y después de anparados en esta vida seré su via segura para la Gloria, pues me precio de ser Madre de los desamparados”. Fueron los superiores del hospital y allaron sobre las aguas a la divina Reina, y tomandola con devoción la adoraron y en procesión la depositaron en la parroquia de San Isidoro, y de limosnas de todos los vecinos y devotos de Toledo la labraron la capilla, como hoy día se manifiesta llenando de prodixios la Señora a todos sus devotos. Y fue colocada primer día de Phascua de Espíritu Sto. con una solepne procesión”

Admitiendo, por supuesto, la posibilidad de una manifestación de carácter milagroso, hoy es, naturalmente, imposible conocer el fundamento real que pudo tener esta piadosa tradición, recogida tres siglos después de la fecha de la presunta visita de la Virgen María. Lo que sí parece que puede admitirse –como fondo histórico en este relato es la participación de los administradores del Hospital de San Leonardo y de los propios enfermos de este hospital, que tal vez no contaba con capilla propia y se servía de una capilla aneja prexistente dedicada a San Leonardo, patrono de los cautivos. El doctor Francisco de Pisa, en la parte manuscrita de su Historia de Toledo 3, dice lo siguiente sobre el origen de esta ermita:

“… es fama de los vecinos desta ciudad que esta hermita fue hecha y edificada por los xptianos que en Toledo estauan cautivos en poder de moros. Rehedificose esta hermita, por deuoción de la xente que acudía a ella, en el año del Señor de 1554…”

No es imrpobable, efectivamente, que existiera ya bajo la dominación islámica un pequeño oratorio cristiano en este lugar, recuerdo tal vez de algún edificio religioso de la época visigótica, de mayor importancia.

Don Luis Hurtado de Toledo menciona esta cofradía entre las ciento cuarenta y siete que tenía la ciudad en 1576, pero con el nombre de San Leonardo, y no recoge la advocación de los Desamparados entre las imágenes de la Virgen más veneradas. De la ermita dice lo siguiente: “En San Ysidro ay quatro hermitas; la primera  (y aun la primera yglesia que, dizen, se fundó en Toledo) es la hermita de Sant Leonardo, cabe la nueva alhóndiga que al presente se haze, la cual se llama Nuestra Señora de Sant Leonardo, y de nuevo se ha rehedificado, por averse quitado de donde fue su primera fundación, a la parte del norte, fuera de la puerta de Visagra”. Del Hospital de San Leonardo ya no quedaba rastro en 1576, extinguido, sin duda, por causas que desconocemos. Si es cierto lo que dice Hurtado de Toledo, hubo una ermita de los Desamparados extramuros del llamado Barrio de Antequera, que luego se trasladó a la de San Leonardo.

En cuanto al origen de esta advocación, que no es privativa de Toledo, sino que aparece simultáneamente en varios lugares, creo que ha de relacionarse con las terribles epidemias de peste negra en la segunda mitad del siglo XIV, que, como es sabido, asolaron toda Europa, despoblando barrios enteros y ocasionando la muerte, por término medio, de la mitad de la población. Por esta misma fecha de fines del siglo XIV aparece en Valencia la misma advocación, El primer dato cierto de la imagen valenciana de los Desamparados –declarada Patrona de la ciudad en el siglo XVII– es que fue policromada en 1416 par el imaginero Vicente de San Vicente, lo que viene a confirmar el auge de esta devoción, consecuencia de las penosas condiciones en que debieron quedar muchas personas –viudas, ancianos y niños– de clase humilde tras las luctuosas epidemias de 1349, 1352 y 1381.

LA COFRADÍA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII

Lo cierto es que la antigua cofradía adquiere mayor auge en el siglo XVI. La mayor parte de los cofrades parece ser feligreses de la cercana parroquia de San Isidoro, que desempeñaban oficios artesanos: albañiles, alfareros, pedreros, plateros, vidrieros, joyeros, espaderos, hiladores y fundidores de la Casa de la Moneda. También creemos debe relacionarse este auge, además del aumento demográfico que experimentó la ciudad, con los esfuerzos catequizadores que sin duda se hicieron sobre los mudéjares conversos, que habitaban masivamente en esta parroquia de San Isidoro.

Prueba de esta difusión del culto a la Virgen de los Desamparados es la reconstrucción efectuada en 1554, según el doctor Pisa. Aún más debió́ divulgarse la devoción al reconstruirse de nueva planta la ermita en 1587, como luego diremos, celebrándose una gran fiesta con motivo de su bendición.

En una magna procesión de rogativas que salió de la Iglesia Catedral el día 16 de julio de 1588 y en la que tomaron parte todas las cofradías de la Ciudad, la de Nuestra Señora de los Desamparados llevó siete pendones, la cruz parroquial, “un Crucifijo muy venerado, en andas” y las imágenes de San Leonardo y la Virgen, ésta en su trono.

A mediados del siglo XVI existían los cargos de Mayordomo del dinero que administraba los bienes y hacía de tesorero, los mayordomos de las joyas y de la cera, que disponían lo necesario para las funciones litúrgicas. Junto con los mayordomos, componían la junta de gobierno seis Oficiales (vocales) y dos visitadores de los cofrades enfermos, a quienes llevaban los socorros que les correspondiesen. Cuando la enfermedad era larga, dejaban con el enfermo una imagen del Niño Jesús que se había labrado con esta fina1idad, y en los casos más graves procuraban la recepción de los Santos Sacramentos y otros auxilios espirituales. Había también dos contadores, comisionados para tomar cuentas a los mayordomos; un escribano, a cuyo cargo estaba la confección de las escrituras, actas y memorias de la cofradía y la custodia del archivo. Todos estos cargos se renovaban anualmente. Había también un ermitaño para guardar la ermita, que estaba abierta diariamente, al menos de sol a sol. Los cofrades podían ser de ambos sexos.

Se celebraban con gran solemnidad la fiesta de la Stma. Virgen, el día de la Pascua de Pentecostés, con novenario y procesión, y la de San Leonardo, el 6 de noviembre. Durante la Cuaresma se cantaba diariamente la Salve.

Así prosiguió la vida de esta cofradía durante el siglo XVII, recibiendo diversas donaciones que administraban los mayordomos antes citados. Posiblemente ya por esta época tiene algunas casas y tierras, con cuya renta se sufragaban los gastos normales de la cofradía y algunos extraordinarios, en época de epidemia, para socorrer a los cofrades enfermos. Las casas eran una en la calle del Comercio (calle Ancha) y en un cigarral a la salida del puente de San Martín, y las tierras estaban en los términos de Magán, Villaminaya y La Puebla de Montalbán. Se vendieron antes de la desamortización de Mendizábal de 1835.

LA COFRADÍA – HERMANDAD

Una reestructuración completa de la cofradía se realizó en 1746, al incoporarse a ella la Hermandad de Socorro de las Benditas Animas del Purgatorio, de la parroquia de San Isidro, sin duda con la finalidad de reforzar esta última y evitar la proliferación de actos piadosos a los que asistirían normalmente los mismos feligreses (la parroquia tenía escasa población). Fueron aprobadas las nuevas Ordenanzas y Constituciones por el Consejo de Gobernación del Arzobispado en 1746, bajo el gobierno del cardenal infante don Luis de Borbón.

Ahora, junto a las tradicionales funciones de culto de la cofradía, se añaden las propias de una Hermandad, desarrollándose los fines de caridad y beneficencia, como son el socorro a los hermanos en momentos de necesidad, enfermedades y prisión por deudas, y además sufragar todos los gastos del entierro de los hermanos, el luto de los familiares y los estipendios de misas por su alma, y otras necesidades extraordinarias que pudieran tener los familiares.

Se ve en estas nuevas ordenanzas un reflejo de clara tendencia reformista de la época, que se extiende a las formas de devoción barrocas y puramente externas, y, a la vez, el sello de unas nuevas formas sociales, más refinadas, apareciendo todo un complejo ceremonial para las reuniones generales, moderado por un maestro de ceremonias, con detales reveladores y pintorescos, como la prescripción de asistir a las juntas con traje decoroso, que debería ser “de golilla” a no poder usarse un uniforme militar.

ÉPOCA CONTEMPORANEA

La decadencia de la cofradía en el siglo XIX es pareja a la que otras muchas instituciones religiosas, por causas bien conocidas: primero, una larga y empobrecedora guerra contra los ejércitos de Napoleón, que tuvo en Toledo desastrosos resultados; después, las agitaciones sociopolíticas y la Desamortización de los bienes eclesiásticos, incubadas por los movimientos laicistas y revolucionarios del siglo XVIII.

En 1808 se suspendió́ todo culto en la ermita para no despertar la codicia de los franceses, que se incautaban de cuantos objetos de valor material pudieran hallar a mano. Reanudado el culto al terminar la guerra de la Independencia (1814), nueve años después es el Gobierno el que requisa todos los objetos de oro y plata, y aunque en 1825 se consigue “recuperarlos, no fue completa la devolución, pues dejaron de entregar el trono de plata y otros objetos”. Poco tiempo después, en 1842, una Real Orden suprimía todas las cofradías cuyas Constituciones no hubiesen sido aprobadas por el Consejo de Castilla (clara intromisión del poder civil en el ámbito puramente religioso). Se inició para lograr esta aprobación un largo trámite, que duró más de un ilustro, y por fin se consiguió́ ver restablecida 1a Hermandad en 1848.

Todas estas trabas y calamidades repercutieron desfavorablemente en la importancia social de la Hermandad, aunque no la anularon, y siguió́ custodiando la ermita y favoreciendo el culto a la Virgen de los Desamparados, hasta el duro golpe que representó la destrucción de la sagrada imagen y el saqueo de la ermita, en el verano de 1936.

Hoy día, renovada la venerada imagen –de la que se salvó el Niño Jesús–, un grupo de devotos continúan la existencia de la cofradía, que tiene su sede en la iglesia parroquial de Santiago Apóstol.

Datos relevantes de la Hermandad de los Desamparados

Imágenes titulares

  • Nuestra Señora de los Desamparados

CULTOS PRINCIPALES

  • Junio/julio: Triduo Glorioso en honor de Nuestra Señora de los Desamparados

OTROS DATOS

  • La Hermandad es la más antigua de las que tienen su sede canónica en la parroquia.